domingo, 1 de octubre de 2017

BIBLIOTECA EN MOVIMIENTO




Buenos Aires. La compañía Easy Taxi se adentró en un proyecto llamado "BiblioTaxi, lectura en movimiento" que invita a los usuarios a leer los libros mientras viajan. La idea es simple: convertir el taxi en un punto de encuentro para intercambiar libros.

Los usuarios encontrarán un kit en el respaldo del conductor con algunos libros y tendrán la opción de llevarse cualquiera y devolverlo en el próximo taxi de la compañía que solicite.Esta propuesta surgió como una iniciativa de un periodista brasileño que quería fomentar el gusto por la lectura entre los pasajeros de taxis que utilizan la red Easy Taxi en San Pablo por medio de textos y revistas que se incluyeron en diversas unidades.

Angelo Delle Piane, gerente regional de Easy Taxi Argentina, afirmó: "Sabíamos que la iniciativa iba a tener buenos resultados, pero se superaron nuestras expectativas. Muchos de los pasajeros que se tomaron los taxis dejaron sus propios libros para compartirlos con otros usuarios y de esta manera se fueron renovando los títulos. También muchos se quedaron con los ejemplares porque los empezaron a leer en el viaje y se los llevaron para poder terminarlos en sus casas".

En la Argentina ya hay 300 móviles en Buenos Aires y Rosario y tres mil libros inmersos en este proyecto que también está presente en Ecuador, Chile, Colombia y Perú. 
[Fuente: La Nación]
fuente: SAI

domingo, 24 de septiembre de 2017

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23 de septiembre – DÍA DE LAS BIBLIOTECAS POPULARES EN ARGENTINA

La Ley 419, sancionada el 23 de septiembre de 1870, propiciada por Domingo Faustino Sarmiento, dio origen a la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, con el propósito de fomentar la creación y el desarrollo de estas entidades, constituidas por asociaciones de particulares, con la finalidad de difundir el libro y la cultura. Las bibliotecas populares son instituciones que cumplen un rol social importante desde los albores de la historia de nuestro país, y pioneras en el fomento de la solidaridad y principios del bien común.
En 1986, la ley 23.351 de Bibliotecas Populares estableció los objetivos y el funcionamiento de la Comisión, y creó el Fondo Especial para Bibliotecas Populares.
“El medio más poderoso para levantar el nivel intelectual de una nación, diseminando la ilustración en todas las clases sociales, es fomentar el hábito de la lectura hasta convertirlo en un rasgo distintivo del carácter o de las costumbres nacionales (…) es imposible obtener este resultado sin la difusión del libro, haciéndolo accesible a todas las personas” (Sarmiento, 1870).
“La biblioteca complementa a la escuela y la vivifica sirviendo como un auxiliar para el maestro y como un incentivo de curiosidad para el niño. Porque es la biblioteca de distrito la que pone en manos del habitante en las poblaciones lejanas, libros atrayentes y útiles generalizando los conocimientos donde quiera que haya un hombre capaz de recibirlos” (Sarmiento, 1870).
La Biblioteca Franklin, fue primera biblioteca popular, nació el 17 de Junio de 1866 en San Juan, provincia natal de Sarmiento. Es bajo su iniciativa y la contribución de otro conjunto de personas que se inicia la conformación de su acervo. En 2007 recibió el Premio ABGRA (Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina) a las Bibliotecas Argentinas, como reconocimiento a la labor que desempeñan para el desarrollo de la comunidad a través del acceso a la información y la generación de conocimientos, por el Proyecto “Catálogo Colectivo de Bibliotecas Populares de San Juan”.


fuente: Abgra

martes, 19 de septiembre de 2017

4 estrategias para enseñar a los estudiantes a evaluar la calidad de la información online

Identificar la relevancia, la precisión, la postura y la parcialidad es clave para que los estudiantes puedan acceder a la información online de una forma adecuada.

Acceder a la información hoy es más fácil que nunca lo cual es extraordinario y enriquecedor, no sólo para los docentes, sino para los estudiantes que han convertido la nube de internet en un punto de apoyo para el aprendizaje y la investigación. Sin embargo, en ese mar de contenidos, la calidad y credibilidad de la información es muchas veces cuestionable, y lo más preocupante de esto, es que los estudiantes no son tan conscientes de este hecho en particular.
En un estudio que buscaba analizar la forma como los estudiantes investigan en internet, realizado por Julie Coiro (profesora de la Universidad de Rhode Island), los resultados indicaron que al menos en EE.UU., un 70% de los estudiantes se preocupan poco por la credibilidad de la información, pocas veces son conscientes de las fuentes (el autor, su perspectiva, tipo de publicación), y por último, cuando se refieren a las características de dichas fuentes, a menudo sus explicaciones son vagas o superficiales.
¿Qué quiere decir esto? Que los estudiantes (y no sólo en EE.UU.) deben aprender a evaluar la calidad de la información a la que están accediendo y para eso, el tema se debe poner sobre la mesa en las salas de clase. ¿Cómo? Julie sugiere algunas ideas:

1. Evaluación crítica

Lo primero que hay que hacer, es hablarle a los estudiantes de las múltiples dimensiones que tiene una evaluación crítica. Esto significa, aprender a hacer juicios sobre la calidad analizando la relevancia, la exactitud, la perspectiva y la confiabilidad. Una vez hecho esto, los estudiantes podrán discutir y compartir sus puntos de vista y podrán notar que evaluar la relevancia y la exactitud, significa también considerar la calidad del contenido en sí mismo. Esta evaluación también implica examinar detalles del autor, cuyo nivel de conocimiento será la clave para utilizar información pertinente.

2. Practicar

Es ideal que el profesor pueda crear distintas instancias para que los estudiantes practiquen estrategias que les permitan evaluar la información en un proceso de investigación. Esta práctica se puede centrar en verificar y refutar la información, investigar a determinado autor, detectar las posturas y la parcialidad, además de reconocer múltiples perspectivas.

3. Instrucciones

Las estrategias mencionadas en el punto anterior se pueden complementar con instrucciones dadas por el profesor que puedan servir como guía. Estas instrucciones pueden ser: pedir a los estudiantes que busquen evidencia que apoye o refute puntos claves, que examinen la pertinencia y la precisión del contenido para determinar la confiabilidad y que consideren la importancia del autor. Esto les ayudará a reconocer ideas que en otro momento quizás ignoraban, a medir la pertinencia de las ideas que antes consideraban 100% reales y a considerar nuevas ideas que pueden ser más precisas.

4. Otras preguntas útiles

A estas estrategias, la profesora suma una serie de preguntas MUY claves que pueden ayudar a los estudiantes en el análisis de búsqueda de información online.
  • ¿Este sitio web es relevante para mi necesidad o propósito?
  • ¿Cuál es el propósito del sitio?
  • ¿Quién creó la información del sitio y cuál es el nivel de experiencia de esa persona?
  • ¿Cuándo fue la última vez que se actualizó la información de este sitio?
  • ¿A dónde puedo ir para verificar la exactitud de la información?
  • ¿Por qué estas personas pusieron ese tipo de información en la web?
  • ¿Este sitio sólo muestra una perspectiva de un tema o presenta varias miradas?
  • ¿Cómo es la postura de las imágenes y los textos según la opinión del autor?
  • ¿Alguien podría sentirse ofendido con la información de este sitio?
  • ¿Cómo puedo conectar estas ideas con mis propias preguntas e interpretaciones?
Y tú, ¿qué estrategias utilizas para que tus alumnos evalúen la calidad de la información?

domingo, 17 de septiembre de 2017

Las distintas partes de las que está compuesto el libro impreso

Pensamos que un libro impreso es algo simple, pero no es así. Y no nos referimos al proceso de creación de contenidos del mismo, que tiene su aquel, sino al libro impreso como objeto físico. Un objeto físico compuesto por una estructura externa y una estructura interna. ¿Acaso tienes claro qué es la guarda? ¿Y la cubierta? No lo confundas con el forro o camisa… ¿Y sabes qué es el colofón?… ¿Y la separata?
Desde la revista Algarabía nos ayudan a distinguir todas las partes, o por lo menos las más significativas, de las que están compuestos los libros impresos con una excelente infografía sobre la anatomía del libro y la explicación de las funciones de cada una de ellas.



Estructura externa del libro impreso

Forro (camisa o sobrecubierta). El francés fourrer, “forrar”, a su vez de fourreau,
“funda”. Cubierta generalmente de papel, que se pone a un libro o a un cuaderno.
Guarda. Del germánico warda, “acto de buscar con la vista”, y éste de wardôn, “atender,
prestar atención”. Cada una de las dos hojas de papel que los encuadernadores colocan
entre los forros y las primeras hojas.
Canto. Del latín cantus, “llanta de metal de una rueda”. Extremidad o lado de cualquier
parte o sitio; corte del libro, opuesto al lomo.
Solapa. De origen incierto; solapar es “colocar una cosa sobre otra, cubriéndola
 solo parcialmente”. Prolongación lateral de la cubierta o camisa de un libro, que se
dobla hacia adentro sin cubrirla del todo, y en la que se imprimen advertencias o anuncios.
Lomo. Del latín lumbus. Parte del libro opuesta al corte de las hojas, en la cual pone el rótulo.
Cubierta. Del latín coopertus, “cubrir”. Cada una de las partes, anterior y posterior, que cubren
 los pliegos de un libro, que suelen ser de un material más duro que el de los pliegos
(cartón, plástico o piel). En la parte anterior se imprime el título de la obra, su autor,
y se incluyen ilustraciones o diseños. En el argot técnico cada una de sus partes se
conoce como 1ª o portada, 2ª, 3ª y 4ª de forros.

Estructura externa del libro impreso


Portada. Del latín porta, “puerta”. Primera plana de los libros impresos, en que figuran
 los elementos necesarios para identificar al libro: el título, el nombre del autor y el lugar
y año de la impresión. De ésta derivan:
  • Anteportada o portadilla: Generalmente es la primera página impresa de un libro.
  • Contraportada (4ª de forros): Parte opuesta a la portada.
Epígrafe. Del griego ἐπιγραφήepígrafe, “inscripción”. Cualquier frase, sentencia o cita
que se coloca al principio de un escrito, sugiriendo algo de su contenido o que lo ha inspirado.
Prólogo. Del griego πρόλογος prólogos, compuesto por las raíces πρό-, pro-, “antes” y
-λογος, -logos, “palabra, discurso”. En un libro de cualquier clase, escrito que antecede al
 cuerpo de la obra.
Índice. Del latín index, “indicador” o bien “señal, indicación”. En un libro u otra publicación,
lista ordenada de los capítulos, artículos, materias, voces, etcétera, en los contenidos, con
 indicación del lugar donde aparecen.
Capítulo. Del latín capitŭlum, diminutivo de capuz, “cabeza”, en el sentido de “parte superior”,
 porque cada una de las divisiones de una obra literaria, un tratado, un presupuesto, una ley, etcétera,
se encabeza con un número o título.
Epílogo. Del latín epilŏgus, y este del griego ἐπίλογος epílogos, que proviene a su vez de epilego,
 “añadir a lo dicho”. Resumen o conclusión de todo lo dicho en un discurso u otra composición
 literaria.
Colofón. Del latín colŏphon,  y este del gr. κολοφώνkolophṓn, “término, fin, cumbre, remate”.
 Nota final que se pone en algunos libros; antiguamente se consignaba en ella algunos de los
 datos que hoy figuran en la portada; ahora suele expresar la fecha en que acabó de imprimirse
 y alguna característica de la impresión.

Otros términos a tener en cuenta

Imprimátur. Del latín imprimātur; de imprimĕre, “imprimir”. Licencia que otorgan las
 autoridades eclesiásticas para imprimir un escrito.
Separata. Del latín, separátum, “cuerpo separado”. Impresión por separado de un artículo
o capítulo publicado en una revista o libro.